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«QUISE HACER UNA PELÍCULA GEOMÉTRICA, DE ROSTROS, LUCES Y SOMBRAS» CINEUROPA ENTREVISTA A ALBERTO GASTESI

Contactamos con el cineasta vasco, que ha debutado con una nostálgica película, filmada en blanco y negro.

ALFONSO RIVERA / CINEUROPA

LA QUIETUD EN LA TORMENTA aún no tiene fecha de estreno en cines españoles, pero ya ha pasado por algunos certámenes cinematográficos (San Sebastián, Gijón) antes de proyectarse dentro de la sección Humans in Focus de la séptima edición del IBIZACINEFEST que se celebra en la isla balear entre el 17 y el 26 de febrero. Por eso motivo nos hemos puesto en contacto con su director y coguionista, Alberto Gastesi, para que nos presente su ópera prima.

Cineuropa: ¿Tenéis ya distribuidora?
Alberto Gastesi:
 No la tenemos aún cerrada. Está siendo un camino arduo, porque hemos sido una producción muy independiente y empezamos a rodar sin tener siquiera el apoyo de una televisión, aunque al final ha participado ETB. Tampoco hemos estado en laboratorios, que ahora es casi norma. Y como tomamos la decisión loca, arriesgada y feliz de echarnos hacia adelante hace apenas un año, estamos ahora encontrándonos las fases de la película de sopetón, lidiando con ellas: está siendo estimulante y emocionante, fructífero y estamos aprendiendo mucho como productores, pues es la primera película de VIDANIA FILMS. Pero eso lleva a que no tenemos nada, todo está en el aire e improvisado, aunque mayo podría ser una bonita fecha para estrenar. Y aún tenemos pendiente un festival internacional, por lo que será una película de este año 2023.

Tengo entendido que el germen del film surge de la idea de dos personas que se reencuentran en el espacio de un piso vacío que está en venta…
Me gusta aferrarme a esa primera idea física del espacio de un piso en venta, porque me gusta trabajar el cine desde lo concreto, los actores o los cuerpos, más que desde un interés en contar algo o trasmitir una sensación. Pero al final este proceso ha llevado años rumiándose: ese paso del tiempo y sus experiencias han moldado la historia, por lo que no es casualidad que esta primera película hable de hacerse mayores, del paso del tiempo, de un momento vital en el que las oportunidades que cuando eres joven tienes siempre abiertas y ves delante se convierten en caminos que has ido cerrando y quedan detrás. Y a que haya cierto poso cínico con personajes que reflexionan sobre no encontrarse en la vida frente a un exterior inundado por la tormenta: esto tiene que ver también con que la producción coincidió con el inicio de la guerra. Todo esto está en la película, pero no trabajo de esa manera, queriendo contar algo o transmitir una idea y a partir de ahí construir una historia, sino más bien al contrario.

¿De esa dinámica proviene también la decisión de utilizar el formato 4:3 y la fotografía en blanco y negro en lugar del color habitual?
Sí, desde el principio quería hacer una película geométrica, de rostros, luces y sombras; el color no me interesaba para nada. Deseaba retratar los personajes en formato cuatro tercios: hay una mezcla de ese idealismo, un punto de partida conceptual, conjugado con lo cotidiano. Sentía que tenía que explorar eso a fondo y hacerlo en una ficción que fuera algo personal.

Viendo (y oyendo) la película detectamos un tono de poesía, melancolía y jazz.
Totalmente: el jazz está presente por esta actitud de buscar un tono propio, que mezcle una narrativa de espacios, movimientos de cámara y un suspense creado por los ritmos y con un cine más improvisado: hay escenas con no actores donde no había guion. Estar siempre abierto a que los estilos se puedan mezclar y finalmente funcionen: ahí está esa voluntad jazzística.

Es una película con mucho diálogo y poca acción, un poco al estilo Rohmer.
No trabajo con referencias, pero claro que hay algo del maestro francés, pero también de Hamaguchi, de La ruleta de la fortuna y la fantasía. Como también de La noche, de Antonioni.

Por último, ¿sentiste el deseo de retratar a tu generación?
Ya me acerco a la cuarentena y creo que sí. El coguionista Álex Merino y yo somos de Donosti, aunque nos conocimos siendo estudiantes en el Colegio Mayor Chaminade de Madrid, pero salimos al mercado con la crisis de 2008 y luego llegó la pandemia; el horizonte ha desaparecido y el hecho de ir hacia un futuro compartido se ha disuelto. Esa desazón está en los personajes del largometraje, en crecer de una manera errática, esa decadencia civilizatoria… pero no es pesimista, pues de todo esto saldremos.